


En TIEMPO DE CANARIAS, Pepe Moreno entrevista al que fuera empresario turístico estrella, Jorge Marichal, ahora convertido en lloriqueante personaje que reconoce no saber qué hacer, porque no sabe qué es lo que pasa. Es una lástima que Marichal no lea La casa de mi tía donde yo, Chema Tante, llevo desde antes de marzo diciendo con claridad lo que está ocurriendo y lo que hay que hacer. Que yo sí tengo certezas. Como soy viejo, lo de "certidumbre" e "incertidumbre" me chirría.

Yo, Chema Tante, lo voy a decir con toda la claridad que me caracteriza. Cuando hace tres semanas leí estos dos lúcidos y argumentados artículos de Michel Jorge en su ISLAS BIENAVENTURADAS, pensé que el Gobierno de Canarias, sí, Ángel Víctor, Román, Noemí y Casimiro con su acólita Yaiza, atenderían tan sabias palabras. Pero no, veinte días más tarde, compruebo que el emperretamiento en que nada ha cambiado y que acá en Canarias lo único que hay que hacer, además de las velas a las siete patronas insulares (sí, siete, porque La Graciosa venera a La Candelaria, como Tenerife), es confiar en la suerte del irresponsable y que vendrán las masas de turistas y que ni habrá rebrote ni más problema. Porque hará falta un milagro, dado que ya se han enterado de que es imposible hacer las PCR a toda persona que asome el josico por los puertos y aeropuertos, y los quieren hacer ¡aleatoriamente!. Que Achaman nos coja confesados. Por eso grito desde este púlpito sobre el desierto para que quienes dirigen la política y las empresas en Canarias se enteren de que nos están metiendo en un cercado de tunos. Que el maldito virus sigue campando por Europa sin más contención que la separación y el aislamiento, y vendrá ineluctablemente con el turismo. Y que puede llevarse por delante a unas cuantas personas y destrozar de una vez definitiva los tejidos económicos insulares. Todo, por no querer invertir en la busca y puesta en marcha de otras actividades, y preferir estallarse los recursos en intentar resucitar a un muerto,