Culpar siempre a Irán - por Joaquín Rábago
Culpar siempre a Irán - por Joaquín Rábago
No tardó, como era de esperar, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en culpar a Irán de la matanza recientemente ocurrida en una playa de Sydney.
Las víctimas eran los asistentes a la festividad judía de la Janucá o fiesta de las Lámparas, que conmemora la reedificación del Segundo Templo de Jerusalén.
Sin esperar a la investigación de la policía, el genocida jefe del Gobierno israelí no sólo culpó a su enemigo Irán de la masacre, sino que la relacionó con el apoyo del Gobierno de Anthony Albanese al reconocimiento de un Estado palestino, como si tuviera algo que ver con ello.
¿Hace falta recordar que 157 de los 193 países miembros de la ONU, entre los que no están por supuesto ni EEUU, ni Alemania, Japón, Italia o Corea del Sur, entre los más importantes, reconocen ya al Estado palestino?
Claro que a la poderosa hasbará (propaganda oficial israelí) y la red mediática que la sustenta en todo el mundo, esas cosas nada importan: la cuestión es echar inmediatamente la culpa al país archienemigo.
Eso lo que hizo, por ejemplo, el diario sensacionalista Bild, de tirada millonaria en Alemania, que ha culpado repetidamente al movimiento pro palestino de cualquier atentado terrorista que se produzca en ese país.
Según ese periódico del grupo Springer, quienes acusan a Israel de genocidio no hacen más que abonar el terreno para el asesinato de judíos. Tal es su lógica perversa.
El primer ministro israelí explicó que los autores de la matanza de la playa de Bondi estaban motivados por “la ideología del Estado islámico”.
Y ésta por cierto no es la doctrina shíi de la teocracia iraní, sino la suní (wahabita) de la feudal Arabia Saudí o su otra derivación, la salafista, a la que pertenecían supuestamente, entre otros, quienes cometieron los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EEUU.
Uno de los asesinos de Sydney había estado mucho tiempo relacionado con una red australiana del Estado Islámico en la isla filipina de Mindanao, donde, según medios australianos, supuestamente recibió entrenamiento paramilitar.
Según el periodista de investigación estadounidense Max Blumenthal, él mismo judío antisionista, el Gobierno australiano sospecha que muchos de los actos de carácter antisemita que se cometen en ese país se deben a “actores extranjeros”.
Se sabe, por otro lado, de las pasadas conexiones entre la CIA estadounidense con los yihadistas del Estado islámico, que, como señalan algunos analistas del fenómeno terrorista, sólo han atacado a grupos o países árabes, pero nunca a Israel.
El yihaismo se hizo fuerte gracias a la riqueza del petróleo, y Estados Unidos no dudó en aprovecharlo para sus fines igual que utilizó a los nazis alemanes que huyeron a ese país después de la Segunda Guerra Mundial.
Lo que parece claro, al margen de las especulaciones que puedan hacerse, es que el Gobierno de Netanyahu trata de equiparar la denuncia de su genocidio en Gaza y Cisjordania con el apoyo al terrorismo musulmán.
Y, como dice el profesor estadounidense- iraní Seyed Mohammad Marandi, del que hay que señalar su proximidad al régimen de Teherán, “antisemitas” son también quienes asesinan a árabes o palestinos.
Éstos son, explica, más propiamente semitas que Netanyahu, cuya familia procede de Polonia y, como muchos de judíos europeos de esa parte de Europa, hebraizó su apellido al llegar a Israel.
El padre del actual primer ministro israelí era el varsoviano de extrema derecha Benzion Mileikowsky, que fue secretario personal del ucraniano Vladimir Jabotinsky, alias Ze´ev Jabotinky, periodista y activista sionista, fundador de la Legión Judía en la Primera Guerra Mundial y decidido partidario de conservar la “pureza racial” del pueblo hebreo.
“La preservación de la integridad nacional es imposible excepto mediante la preservación de la pureza racial”, escribió Zhabotinsky, según el cual “es imposible que un hombre se asimile con personas de distinta sangre que la suya”.,
Según algunos, existe una escatología sionista que promueve el retorno al bíblico Israel de todos los judíos de la diáspora para construir la Pax Judaica, una especie de imperio judío mesiánico que marcará “el final de los tiempos”, y algunos atentados contra judíos parecen alimentar esa estrategia.