El intervencionismo imperialista va en el cargo - por Joaquín Rábago
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El intervencionismo imperialista va en el cargo
Joaquín Rábago *
Muchos progresistas norteamericanos, desesperados por el intervencionismo del Partido Demócrata, se hicieron esperanzas de que Donald Trump fuese a cumplir sus promesas de recortar el gasto militar en el extranjero.
Alguna publicación como Jacobin habló de una alternativa que parecía tener el republicano: poner fin a la hegemonía liberal intervencionista de la era Biden o liderar una heterogénea coalición de gobiernos nacionalistas de corte autoritario como el del propio Putin.
De lo que nadie parecía tener duda alguna era de la decisión de Trump de no sólo seguir la política pro sionista de sus predecesores en la Casa Blanca, sino de incluso reforzarla intensificando las sanciones contra Irán.
Un Irán al que Trump califica de Estado terrorista por su apoyo a organizaciones como Hezbolá, Hamás o a los hutíes del Yemen, olvidando olímpicamente de que ese dudoso honor corresponde a su mayor aliado en la región: el Israel genocida de Benjamín Netanyahu.
Las acusaciones de Washington contra el régimen de los ayatolas no son, sin embargo, nuevas: ya profirieron otras similares sus predecesores como Barack Obama y Joe Biden.
El propio Trump en su primer mandato no sólo acusó también a Teherán de “desestabilizar” Oriente Medio, se retiró del acuerdo nuclear con ese país y mandó eliminar a uno de sus generales de más alto rango.
Trump se jactó, sin embargo, siempre de no haber comenzado ninguna guerra, a diferencia de otros ocupantes de la Casa Blanca, pero ¿cómo calificar si no la campaña militar emprendida contra los hutíes en apoyo sobre todo de Israel aunque aquél la disfrace de libertad de navegación en el mar Rojo?
A pesar de sus promesas de repatriar a buena parte de las decenas de miles de soldados que tiene EEUU en sus alrededor de 900 bases en el extranjero o sus ofertas a China y Rusia de reducir el gasto en armamento, Trump parece hacer justamente a lo contrario.
Así, últimamente se jactaba, con una de esas hipérboles que le caracterizan, de haber conseguido “el mayor presupuesto militar de la historia” para hacer frente a “las fuerzas del mal”. Una vez más los buenos -por supuesto Estados Unidos- contra los malos como en un vulgar “western” de Hollywood.
Mientras tanto, Trump no oculta su intención de proseguir la expansión de su país en el círculo ártico a fin de explotar, aprovechando el deshielo, los abundantísimos recursos naturales, y todo ello en fuerte competencia con Rusia y China.
Y si en su primer mandato habló de comprar a Dinamarca, un país aliado, la isla autónoma de Groenlandia, como EEUU compró en su día Alaska al imperio ruso, ni siquiera excluye ya tomarla, si fuera preciso, por la fuerza.
El intervencionismo imperialista norteamericano no depende de a cuál de los dos partidos pertenezca el ocupante de la Casa Blanca, sino que parece ir en el cargo.