¿Es democrático impedir consultar a la gente? ¿no será miedo al resultado?
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Dos tercios del Parlament de Cataluña han aprobado la fecha de la discutida consulta -en noviembre 2014 y el texto de las preguntas: "¿Quiere usted que Cataluña se convierta en un Estado? ¿Quiere que este Estado sea independiente?" Esas son las preguntas que la mayoría del pueblo catalán quiere hacerse a sí mismo. Y la pregunta que el resto de los pueblos que nos desesperamos en el estado español debemos hacernos es ¿puede un gobierno central, incluso el resto de los pueblos, impedir que el pueblo catalán manifieste su criterio? ¿puede ser constitucional eso? Porque si lo es, está claro que esa constitución no es democrática?
En todo caso, lo que está quedando cada vez más claro es que la cerrilidad de los cenbtralistas retrógrados esta conviertiendo en un problema de consecuencias imprevisibles lo que podría quedarse en, simplemente, una consulta y, en su caso, la búsqueda de soluciones pacíficas. Dígase lo que se quiera, griten o se enfurezcan, si el pueblo catalán no quiere ser español, eso no se podrá cambiar.
Yo pienso que lo que les pasa a los centralistas, que demuestran su talante escasamente democrtático, es que temen la realidad de la respuesta.
Arturo Borges, del Movimiento hacia el Frente Amplio declaró recientemente en Radio San Borondón la experiencia positiva que supuso la última reunión, celebrada al pasado sábado en las Palmas de Gran Canaria: “En la reunión se llevó a cabo una dinámica muy positiva y constructiva bajo el principio de construir base social, dirigiéndonos a las personas y organizaciones sociales y políticas con el fin de conseguir ese gran agrupamiento defensivo frente a la situación que estamos viviendo”.
Ramón Trujillo, coordinador de Izquierda Unida Canaria (IUC), afirma que “los escraches impulsados por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca son legítimos porque los representantes de la ciudadanía se niegan a representar a la ciudadanía en esa cuestión. Lo antidemocrático no es protestar ante las casas de unos representantes que no representan a sus representados, sino que los representantes no representen, es decir, que vacíen de contenido el sistema democrático. Esta normalización de un estado de excepción social es lo realmente antidemocrático”



