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20:44h. miércoles, 25 de mayo de 2022

Historia de un represaliado del franquismo – (XIII) Una boda, un regaño estúpido, un intento de fuga - por Ramón Armando León Rodríguez

A veces en las cárceles ocurren cosas agradables. Un camarada, José Luis López Bulla, me comunicó que iba a casarse en la prisión y que quería que yo fuera testigo de su boda,

Historia de un represaliado del franquismo – (XIII) Una boda, un regaño estúpido, un intento de fuga - por Ramón Armando León Rodríguez

A veces en las cárceles ocurren cosas agradables. Un camarada, José Luis López Bulla, me comunicó que iba a casarse en la prisión y que quería que yo fuera testigo de su boda, al principio me pareció una broma, pero mis dudas se disiparon cuando me mostró la documentación para contraer el enlace y no me quedó otra alternativa que hacer de testigo. La novia era muy guapa, pero también es posible, que cuando se pasa mucho tiempo sin ver a una mujer uno tiende a hiperbolizar su belleza. El acto duró muy poco, pero a él le permitieron estar dos horas con su reciente esposa en una sala que habían dispuesto, extraordinariamente, para el feliz matrimonio. Él era y es un hombre muy culto habla y escribe en varios idiomas. Fue fundador de CCOO en Cataluña y posteriormente Secretario General de CCOO de Cataluña y Diputado en el Parlamento Catalán. En las prisiones a los presos políticos los uniformes nos hacen aparentemente iguales, pero aquí cabe la famosa frase de que “El hábito no hace al monje”. (Lo que las personas aparentan no siempre es lo que son o no corresponde a su verdadera condición). En las prisiones las clases sociales quedan aparcadas hasta que sales en libertad, que es cuando volvemos a nuestra condición de “Plebeyos y Patricios".

López Bulla con Marcelino Camacho

El director de la prisión era un hombre joven y alto con el ego elevadísimo, su actitud narcisista le impedía considerar el sufrimiento ajeno. Este tipo de hombres eran elegidos por el régimen franquista para hacernos la vida imposible dentro de las prisiones. Yo solo le vi una vez, fue a raíz de que un día soleado, en Soria no eran frecuentes los días soleados, me había quitado la camisa para tomar un poco de sol. Un funcionario se lo comunicó, me citó a su despacho y me dijo que lo que yo había hecho era un acto de rebeldía y que si volvía a hacerlo me mandaba a la celda de castigo.

No comprendí este nuevo método de represión pero no me quedó otro remedio que obedecer la orden y no volver a quitarme la camisa. Debo reconocer que una de las cosas buenas de esta prisión era la comida, los platos los ponían bastante colmados y como yo nunca he sido de grandes ingestas, cuando tocaba carne o pescado cedía una parte a otro compañero, generalmente asturiano que eran más comilones.

Un día, no había transcurrido mucho tiempo de mi estancia en esta prisión, sucedió un caso digno de contar. Había un alboroto tremendo por parte de los funcionarios, iban de un lado a otro con semblante muy serio, algo fuera de lo normal había ocurrido. Al poco tiempo supimos, que unos funcionarios en las revisiones rutinarias de la prisión, encontraron un túnel de fuga en el grupo B, ocupado por los miembros de “País Vasco y Libertad”. 

El túnel estaba excavado bajo un plato ducha, habían horadado más de cien metros y iluminado toda su trayectoria, tenían una radio para comunicarse con el exterior, que habían introducido en la prisión pieza a pieza. La tierra sacada del túnel la iban diluyendo a través de los bajantes de las otras duchas. Casi lo logran, pero una loseta cedió por un pisotón fortuito de uno los funcionarios que acabó con la aventura. Aunque, por otra parte, se comentaba que había sido un chivatazo, se culpaba a un ácrata, anarquista universitario, que era un joven alto con aspecto desaliñado, desgarbado y de barba incipiente. Nunca nos enteramos de qué había ocurrido en realidad, ni le volvimos a ver, se decía que le habían trasladado, pero nos quedamos con las ganas de saber la verdad.

Después vinieron las represalias, y, aunque nosotros no habíamos participado en el intento de fuga, también nos afectaron las medidas de seguridad extraordinarias que impuso la dirección General de Instituciones Penitenciarias. Como siempre sucede en estos casos, iniciaron los traslados de los presos más díscolos a prisiones de máxima seguridad. El director fue destituido y, lentamente, la prisión fue volviendo a la normalidad, dentro de las normas disciplinarias establecidas.

Capítulos anteriores:

Historia de un represaliado del franquismo – (I) Mi primera detención

Historia de un represaliado del franquismo – (II) Barranco Seco

Historia de un represaliado del franquismo – (III) Juicio y apelación

Historia de un represaliado del franquismo – (IV) Actividad política

Historia de un represaliado del franquismo – (V) La Caída de Sardina

Historia de un represaliado del franquismo – (VI) Consejo de Guerra sumarísimo

* En La casa de mi tía por gentileza de Ramón Armando León Rodríguez