Montse no murió por el calor: murió por la negligencia - por Jacinto Ortega del Rosario
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Montse no murió por el calor: murió por la negligencia
Jacinto Ortega del Rosario
Secretario General del Sindicato de Gremios Unificados
El pasado 29 de junio, Montserrat A., trabajadora del servicio de limpieza en Barcelona, terminó su jornada laboral de más de siete horas bajo temperaturas que superaban los 35 °C. Horas después, murió. Oficialmente, fue una víctima de la ola de calor. Pero digámoslo sin rodeos: Montse no murió por el sol, sino por la falta de prevención, de responsabilidad y de humanidad en quienes tenían el deber de protegerla.
Cada verano se repite el mismo patrón: alertas meteorológicas, informes sobre riesgos térmicos, y una cadena de declaraciones institucionales que, en la práctica, se quedan en papel mojado. La normativa sobre prevención de riesgos laborales ante fenómenos extremos existe. El problema es que se incumple de forma sistemática. Y lo más grave: no hay consecuencias reales.
La muerte de Montse ha encendido todas las alarmas entre los sindicatos. Lo que ha fallado aquí no es una medida puntual, sino todo un sistema de prevención que no se aplica con rigor. ¿Por qué una trabajadora tiene que cumplir su jornada entera bajo un sol abrasador, sin que nadie se plantee reorganizar turnos, garantizar pausas más frecuentes o evaluar el estado físico del personal? ¿Qué clase de formación preventiva se ofrece cuando, como en este caso, la empleada comunicó sentirse mal y aun así terminó su jornada?
Desde el Sindicato de Gremios Unificados exigimos, con toda la firmeza que exige una vida perdida, que las empresas —especialmente las concesionarias de servicios públicos como FCC— cumplan con sus obligaciones legales y éticas. No basta con tener protocolos: hay que aplicarlos. No basta con decir que se hidratan: hay que verificarlo. No basta con hablar de prevención: hay que parar el trabajo si el riesgo es extremo.
Pero también hay responsabilidades políticas. Las administraciones públicas, tanto locales como autonómicas, no pueden mirar hacia otro lado. No puede ser que la vigilancia del cumplimiento de la normativa laboral dependa de si alguien denuncia. Hace falta inspección activa, capacidad sancionadora real y, sobre todo, voluntad política para hacer cumplir la ley. Porque si no se fiscalizan las condiciones laborales en plena ola de calor, ¿cuándo?
Esta muerte nos duele porque es evitable. Y lo más doloroso es saber que Montse pudo ser cualquiera: cualquier trabajadora, cualquier operario, cualquier persona expuesta día tras día a temperaturas que cada vez son más extremas, consecuencia directa de un cambio climático que no espera a que los protocolos se actualicen.
No permitamos que este caso quede en el olvido, como uno más. La vida de las trabajadoras y trabajadores vale más que cualquier contrato, cualquier excusa, cualquier negligencia. El trabajo dignifica, pero solo si es seguro. Si no lo es, lo que tenemos no es un empleo, sino una condena.
Por eso, desde Gremios Unificados decimos alto y claro: ni una muerta más por desprotección laboral. Ni una víctima más por ignorar las alertas. Ni una excusa más para no cumplir la ley.