Trabajar por los intereses de Gran Canaria, no concita la colaboración Ciudadana y Ayuntamiento - por Erasmo Quintana
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Trabajar por los intereses de Gran Canaria, no concita la colaboración Ciudadana y Ayuntamiento
Erasmo Quintana
Aquí, en nuestra capital, un año se va y otro viene, pero lo que no cambia es todo aquello que tiene que ver con lo consuetudinario: nuestros problemas que toca solucionarlos por los que elegimos mediante las urnas cada cuatro años. Y no hablamos de esa aspiración, amada y sentida por la ciudadanía y Corporaciones públicas y privadas, de alcanzar la consideración de interés mundial cultural por el prestigioso organismo internacional UNESCO del Casco Histórico Vegueta-Triana. Algo que nos choca y sorprende es la actitud que de esta aspiración mantiene la alcaldesa, Carolina Darias (PSOE), la cual no solo se comporta distante e insensible sobre tan importante aspiración, sino que se pone diametralmente en contra de un sueño popular ciudadano y, me repito, de organismos públicos y privados de la Ciudad que cree representar. Lo único que la ocupa es un “proyecto de recuperación” del Guiniguada, y que Las Palmas de Gran Canaria sea nombrada Capital Cultural Nacional, que si se lograra, lo será por un año, mientras que UNESCO sería para siempre. Esto es más serio de lo que ella se cree. Además, también sus entretenimientos son la Metroguagua y el Tren al Sur de la Isla.
Mientras, la casa sin barrer, porque ahí está la creación de una asociación ciudadana, LAS PALMAS SIEMPRE LIMPIA, creada por la necesidad de reivindicar más limpieza, no solamente en el centro de la capital, sino en todos los barrios: El Polvorín, Schamann, Almatriche, San Juan, San José, San Nicolás, Lomo Apolinario, El Puerto, Las Rehoyas o San Lorenzo. Es imposible adivinar qué temas les preocupan a estos mandatarios y en qué dedican su tiempo. Llevan el suficiente para haber realizado algo. Lo que no conocíamos como problema, de último se comprueba que la ciudad se distingue por su suciedad y la capital huele mal a porquería, y ¡oh, sorpresa!, a ello se añade que hubo o hay una plaga de ratas, consecuencia directa y lógica de lo mismo; y cuidado, que este roedor trae la peste. Por estos problemas pareciera que vivimos tiempos remotos, que no hemos avanzado al ritmo de la modernidad.
Soy de los ciudadanos que se sorprendieron a la vista de unos vecinos ya mayores de la capital, con un cepillo de barrer en la mano cada uno, en reivindicación de más limpieza pública, de lo que sentí vergüenza ajena. Cómo una ciudad, la nuestra, ésa que tiene la mayor riqueza histórica del Archipiélago, el pasotismo y la incuria de los que están llamados a cuidar, la postran hasta límites insospechados. Da la impresión, mis amigos, que los responsables políticos que gobiernan en el Ayuntamiento no tienen claro lo que deben hacer por los ciudadanos, esos que con su voto los pusieron donde están. Que tienen la obligación de oír y atender a todas y cada una de las personas que los requieran. Los políticos tienen claro que lo importante es alcanzar el escaño, y lo siguiente es coser y cantar, pues se pulen cuatro años de legislatura casi sin dar palo al agua. Una vez sentados en el mullido sillón, el primer acto municipal que celebran es subirse el sueldo. El otro fenómeno, pero ya no tanto porque lo han hecho de lo más habitual, es que todos quieren permanecer en el cargo ad infinitum, y jubilarse en ellos.
Aprovechando la coyuntura, voy a abrirme en canal. Nunca he hecho públicamente esto que voy a decir: Siento una gran envidia sana de los hermanos tinerfeños. Ellos son ejemplo para quien lo sepa ver, de solidaridad, de trabajar juntos como una piña, y en equipo con sus compañeros por un objetivo importante para su Isla, cosa que todos hemos visto con el reconocimiento por la UNESCO de La Laguna Ciudad de Interés Cultural Mundial. Allí dejaron a un lado las filias e ideas políticas, o los protagonismos personales y, en una sola voluntad, todos a una, como en Fuenteovejuna, lo lograron en 1999.
Desde ese año, La Laguna es la única ciudad de la Comunidad Autónoma Canaria que ha alcanzado tan importante como valiosa consideración, cosa de la que los laguneros están orgullosísimos, con razón. Y si son ellos los únicos que lo han conseguido en Canarias, mucho mejor. Mientras, aquí en Gran Canaria, que lleva la friolera de más de diecisiete años que solicitó en debida forma su candidatura del Casco Histórico Vegueta-Triana al Ministerio de Cultura, para que éste la elevara al organismo UNESCO, es la fecha que por desinterés y abandono de quienes tenían el deber de hacer el pertinente seguimiento, por omisión no ha sido posible conseguirlo.
Hay cerca de cuatro años creada una Plataforma Reivindicativa para que Vegueta-Triana sea declarada por la UNESCO Patrimonio Mundial Cultural y que pretende, con rigor, activar esa solicitud “dormida”. Pero, incomprensiblemente, los responsables de la actual Corporación municipal de nuestra capital se han lucido en no mostrar el necesario interés para que el proyecto camine como debe. En Tenerife hablamos de otra cosa, que nada tiene que ver con nosotros; allí hubo el mayor acuerdo de todos, no hubo diferencias entre ellos, y lo consiguieron en el menor tiempo posible. Sin embargo, aquí mucho protagonismo innecesario; muchos palos en las ruedas por quienes están llamados a resolverlo sin dilaciones; mucho o demasiado individualismo; incomprensión absoluta de Carolina Darias, férrea enemiga de que la petición camine (la llamada, según UNESCO, a solicitarla), lo que no ha sido posible porque a la alcaldesa no le gusta que el Casco Histórico Vegueta-Triana llegue a ser Patrimonio Mundial Cultural reconocido por tan alto organismo. Cosas veredes, amigo Sancho.
Edición de Chema Tante