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jueves, 26 de enero de 2023 20:52h.

Historia de un represaliado del franquismo – (XIX) Himno de Infantería en Fuerteventura - por Ramón Armando León Rodríguez

ramón armandoCuando llegué al Puerto del Rosario me incorporaron al Regimiento de Infantería nº 56, segundo batallón y primera compañía (Plana Mayor de Mando). En este regimiento la mayor parte de los mandos eran legionarios y paracaidistas el resto de los mandos eran oficiales díscolos, de comportamientos turbios, que habían sido desterrados.

Historia de un represaliado del franquismo – (XIX) Himno de Infantería en Fuerteventura - por Ramón Armando León Rodríguez *

cuartel puerto del rosarioCuando llegué al Puerto del Rosario me incorporaron al Regimiento de Infantería nº 56, segundo batallón y primera compañía (Plana Mayor de Mando). En este regimiento la mayor parte de los mandos eran legionarios y paracaidistas el resto de los mandos eran oficiales díscolos, de comportamientos turbios, que habían sido desterrados.

 

Este era el perfil de los personajes que me iban a hostigar durante todo el periodo militar. El primer día sufrí las novatadas propias de la mili, algunos soldados se habían vestido de oficiales y cuando llegamos los nuevos, nos hicieron formar y sacar todo lo que teníamos en los petates, el contenido era variopinto, quesos, chorizos, tabaco, utensilios de afeitar…La cuestión, no pasó a mayores y todo se quedó en una broma. En pocos minutos, aparecieron los verdaderos oficiales, un capitán, un teniente, un sargento y un cabo primero.

El capitán se presentó y con la misma se marchó. El teniente “Ira” y el sargento “piedra mechero”, se quedaron en la compañía. El teniente era el típico borracho, con una actitud agresiva, de mirada inquisidora y dispuesto a agredir en cualquier momento a un soldado. Inmediatamente se metió conmigo, me dijo; usted se ha movido en la formación, yo le contesté que no era cierto, me respondió, te pego una ostia, si usted intenta pegarme, yo optare por defenderme, contesté; está usted arrestado durante tres meses y permanecerá en la compañía cuando acabe sus destinos, me ordenó imperativamente.

Yo, me salté todos los protocolos del ejército, me fui a hablar con el coronel, le explique mi situación y el trato que me habían dado, me quito el arresto, pero, para mí, fue peor el “remedio que la enfermedad”. Inmediatamente me destinaron los peores servicios; cocina, letrinas, comedores, imaginaria…

pelar papasEl peor servicio era la cocina, pelar y picar sacos y sacos de papas,(patatas) te daba la sensación de que nunca ibas a terminar, después me tocaba las perolas, en principio creí que eran unas perolas normales, pero me encontré con unas ollas enormes, eran tan grandes, que me tenía que meter en su interior para poder limpiarlas, cuando terminaba eran la diez de la noche, si corría con suerte, me calderosacostaba hasta el día siguiente, pero no siempre sucedía así , en algunas ocasiones me tenían preparada una imaginaria, esto me restaba horas de sueño, pero lo peor era cuando te despiertan de madrugada y te hacían poner todo el equipamiento de combate y salir de marcha recorriendo kilómetros y kilómetros campo a través.

Cuando llegaba al cuartel, casi amaneciendo, estaba hecho polvo, me quedaba dormido “ipso facto”, pero la dicha duraba lo que tardaba la corneta en tocar diana, que a mí me parecía que sonaba inmediatamente después de quedarme dormido.

Otra de las ocurrencias de los mandos, era llamarnos a formar en el patio para que nos aprendiéramos el himno de infantería, consistía en que cada soldado tenía que decir, de forma hablada, una estrofa de la canción, de manera que si un compañero se equivocaba, teníamos que volver al principio y a sí una y otra vez hasta que todos la aprendieran perfectamente, esto duraba hasta las tres o cuatro de la madrugada, me parecía humillante, pero oponerse era ir al calabozo de forma inmediata.

himno infanteríaHimno de Infantería: Ardor guerrero vibra en nuestras y de amor patrio henchido el corazón voces, entonemos el himno sacrosanto del deber, de la Patria y del Honor. ¡Honor! De los que amor y vida te consagran escucha, España, la canción guerrera, canción que brota de almas que son tuyas, de labios que han besado tu Bandera; de pechos que esperaron anhelantes besar la Cruz aquella que forma con la enseña de la Patria y el arma con que habían de defenderla. Nuestro anhelo es tu grandeza, que seas noble y fuerte. Nuestro anhelo es tu grandeza, que seas noble y fuerte; Y por verte temida y honrada. Contentos tus hijos irán a la muerte. Y por verte temida y honrada contentos tus hijos irán a la muerte. Si al caer en lucha fiera ven flotar victoriosa tu Bandera, ante esa visión postrera, orgullosos morirán. Y la Patria, al que su vida le entregó en la frente dolorida el beso que recibió. El esplendor de gloria de otros días le devuelve agradecida, tu celestial figura ha de envolver; pues aún te queda la fiel Infantería, que, por saber morir, sabrá vencer. Y volverán tus hijos ansiosos al combate, tu nombre invocarán, y la sangre enemiga en sus espadas y la española sangre derramada tu nombre y tus hazañas cantarán. Y estos soldados de tu Infantería sienten que se apoderan de sus pechos, con la épica nobleza y gallardía, el ansia altiva de los grandes hechos, te prometen ser fieles a tu Historia y dignos de tu honor y de tu gloria.

Yo no quería ni honor ni gloria, quería salir de ese infierno cuanto antes.

soldado

Capítulos anteriores:

Historia de un represaliado del franquismo – (I) Mi primera detención

Historia de un represaliado del franquismo – (II) Barranco Seco

Historia de un represaliado del franquismo – (III) Juicio y apelación

Historia de un represaliado del franquismo – (IV) Actividad política

Historia de un represaliado del franquismo – (V) La Caída de Sardina

Historia de un represaliado del franquismo – (VI) Consejo de Guerra sumarísimo

* En La casa de mi tía por gentileza de Ramón Armando León Rodríguez